
Antes de iniciar la preparación del Yagé —ya sea mediante cocción o majado— los “Mayores” invocan los permisos espirituales necesarios. Su propósito es asegurar que la bebida cumpla con su función terapéutica: la curación, la limpieza del ser, la liberación de cargas y la orientación del espíritu. Para estos sabios, el proceso comienza mucho antes de encender el fuego; casi siempre utilizan plantas que ellos mismos han sembrado y visto crecer, estableciendo un vínculo vital con la medicina.
Durante todo el proceso, los “Mayores” exigen a sus ayudantes un comportamiento impecable basado en el principio de “pensar, hablar y hacer bonito”. Esta no es una simple norma de cortesía, sino una disciplina espiritual: se entiende que las energías y las intenciones de quienes manipulan las plantas se imprimen directamente en la bebida.
Una vez finalizada la elaboración, el Mayor prueba el Yagé para confirmar su “fuerza” y madurez. Solo entonces se utiliza en ceremonias sagradas o se custodia celosamente para usos futuros. Antiguamente, esta medicina era un tesoro compartido únicamente con personas de entera confianza y bajo un estricto rigor ético.

El riesgo de la modernidad Resulta alarmante constatar que hoy el Yagé o la Ayahuasca se ofertan por internet como un producto “listo para el consumo”, capaz de ser enviado por mensajería a cualquier rincón del mundo. Muchos de estos nuevos “facilitadores” exigen a los preparadores que la bebida garantice visiones intensas. Para lograrlo, se recurre a la farmacopea de plantas aditivas que producen efectos visuales potentes pero que pueden desviar o dificultar el verdadero proceso terapéutico. Los verdaderos Mayores rara vez utilizan estas plantas, reservándolas solo para casos excepcionales o para su propio estudio personal.
Hoy vemos con preocupación cómo crecen los grupos que consumen Yagé bajo condiciones precarias:
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Sin conocer la procedencia real de la medicina.
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Sin que el “facilitador” de la ceremonia haya participado en su elaboración.
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Sin la autorización de las comunidades ancestrales que custodian este saber.
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Ignorando qué plantas adicionales fueron mezcladas en el brebaje.
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Aceptando una medicina elaborada con fines puramente comerciales.
El Yagé es una medicina viva, no una mercancía. Si conoces a alguien que ignore la importancia y el rigor que exige su preparación, te invitamos a compartir este texto para proteger la integridad de esta práctica ancestral.
Autor: Eric van den HOVE
